Poesía libre de Juana Gómez Gómez

Nació lejos de Europa, sobre una meseta entre brumas y gente amable (Bucaramanga, 1990). Mientras vivió al occidente de la bien llamada Francia, contagió de sonrisas muy colombianas y letras puestas en su sitio a quien quisiera contemplarla. Participó en el I concurso de poesía de la Universidad Javeriana y La Poesía de los Objetos de la Casa de José Asunción Silva. Ha escrito para la revista Cinismo Sinísmos y fué seleccionada para publicar en la sección de Poesía Libre de la revista literaria La Noche de las Letras.  Estudió gastronomía y a sus 28 años dice: “quiero dedicarme a escribir y cocinar a la vez, poder mostrar que las letras por ser letras se pueden comer cocidas y crudas también”.

''Frótame la lengua, quiero poder hablarte, ¿no te das cuenta?''

MITAD MITAD

Hiciste bien en venir, ya estaba olvidando el idilio y el suceso de besos desesperados, enjaulados y arrancados.  ¿Te das cuenta? Mi respiración esta confundida, me alejé de las coincidencias, del amor y del empero también. No cierres los ojos… ¿Por qué lo haces? Pareces un código secreto, un no como respuesta; como si sufrieras de ternura rencorosa. ¡Lástima!

No te afanes, baja la voz. El ruido me molesta.
¿El ruido es confuso? Respóndeme.

Desperdicias las letras, las conviertes en moléculas, luego son protones y después neutrones; ¡qué sé yo de átomos! Mejor ven y hazme reír, frótame la lengua, quiero poder hablarte, ¿no te das cuenta?
Ven, sal del pasillo, embriaguémonos de palabras… Corre, ven a buscarme, juguemos a tener ganas a sentirnos medio muertos.
Hagamos que la metamorfosis de la luna no sea coincidencia, ¡vamos! Desvístete como cualquiera o mejor dicho tócale el corazón a las estrellas y encoge los hombros mientras te esparces a medida.
Ven, ven y silenciosamente dame el beso más frío y fino a la vez. Es ya que voy  ser imprecisa mientras disimulas y engañas. Aunque tengas hastío quiero empaparte de prosa también.
No tengo cura, soy un centauro: Mitad-Mitad. Tibia, dulce, impaciente también: Mitad-Mitad. Eso soy, pintura desvanecida y polvo.
Tengo escamas, labios de seda también. Soy mofa y me rio a pliegues, soy sublime y mi voluntad es un prostíbulo. Me molesta la muchedumbre, sufro clandestinamente y aunque apeste tengo plumas de azafrán.
A eso vine, a dejar mis párpados entreabiertos, a confundir tu respiración, a vivir y morir. No soy coincidencia soy mitad-mitad.

 

VEJEZ

Determino el modo del andar.
Y al lado de los niños grito para adentro.
Y en vacío observo como el tiempo conservó mis sentidos.
Sordo y ciego he convencido al tiempo de caer en cuenta que me amé con locura.
Una que otra arruga hace ver pliegues en mis manos.
Y de vez en cuando trato de recordar sin pensarlo dos veces.
Mientras tanto, juego con mis días porque el tiempo lo tengo contado.
Aunque sé que no soy viejo, soy un joven arrugado.

''Que en el fondo del mar y el veneno se encuentra también el cielo.''

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

Elocuente y muy francesa sonó ella con su acento en la lengua, dejó caer al suelo una que otra botella después de haber bebido al lado en la laguna.
Todo era luz, recorridos de destellos cuando aún era de día; su boca parecía un cielo y sus senos soles espléndidos después del último encuentro en esa suite francesa donde treinta pisos abajo se encontraba el cielo.
Sin velo, sin miedo y sin vergüenza se fue quitando el pelo después de un suave soplo en las mejillas de aquel hombre que sin dudarlo puso en marcha su idilio sin dejar posada.
Desnuda y sin presentimientos pudo verse entre brumas su cara de asombro al darse cuenta que en el fondo de las sábanas y el entretenimiento solo se hallaba un duelo entre el miedo y el silencio.
Su pelo abultado y muy bien diseñado no dejaba enseñarle a Marco lo que estaba pasando, Marco no maullaba y ni siquiera se movía solo percibía las líneas y curvas que guardaba aquella alcoba de suvenires adiestrados.
La tarde era curva y dejaba ver pendientes la diferencia entre mujer y hombre pero ella no sabía que atrás observándola más de mil personas había.
Parecía entorpecerla el ruido de la suite siguiente, y paciente como una araña fue vistiendo su hermoso cuerpo con ritmo y elegancia sin dejar posada a un mal pensamiento.
Todo lo que cae suena y eso la deja llevarse a sí misma sin poder ocultar su pelo crespo, impecable y oliente a rosas.
Marco indignado termina acostado en la otra ladera, sus bigotes muestran la seriedad de su acto y mientras ella cruza sus pies suenan dichos aplausos, dejando un murmullo a pedazos y a otros delirando.
Después de estar sumida en su personaje, plena y dispuesta a lo que venga, ella espera poder caer en cuenta que en el fondo del mar y el veneno se encuentra también el cielo.

INGRATA

Parece dormir la tarde apacible
En un silencio tallado
Que hasta las hojas se conmueven
Y mientras tanto todo calla.
Temblorosa mi voz despierta.
Las liras cantan
Y entre-tanto siento mis manos perfumadas.
Mi vista sigue tus pasos: ingrata.
La sonrisa malherida
Con sabor agridulce
Engaña la cuna de la incertidumbre.
¡Adiós, amaneceres soñados!
¡Adiós, hijos de mis besos!
¡Adiós, espíritu indeleble!
La luz me espera
Cual flor entreabierta
Allí a solas. ¡Adiós, ingrata!

 

EL CAJÓN

Inmarcesible como su voz, recuerda las naranjas y las fresas.
Guarda lo que su desnudez conserva
Como almíbar de frescos melocotones llenos de jeroglíficos.
Del otro lado huele a flores huele a pájaros.
Y mientras ahí solo huele a pan y a queso viejo.
En medio de una gran carcajada truena un bolero de Daniel Santos.
Parece un amuleto, el beso nocturno
Que dejó con ruido y fracaso cuando aún eran las cinco.
No sabe si tiene soberbia o tiene sed
Pero piensa en whisky mientras resuelve abrirme
Su soberbia melancólica huele a óleo
Desde la última silueta delicada y falaz
Que decidió y pintó con democracia
El fantasma del mito que amarillo da vueltas por su cabellera
Se convierte en prosa clásica
Y después en sílabas viejas.
Exhalando con firmeza se sienta y lo recuerda
Huele a enero y a olvido
Huele a nevera y a miel
Huele a misa, a instrumento hueco
Huele a frío mientras la vanidad se congela
Huele a dulce la melancolía
A silencio dorado, a eclipse
Huele a óxido y a pintura fresca.
El viejo cajón solo se abre y se cierra
Frívolo como la risa de Dios.
Empapa de ritmo sus recuerdos
Hinchados de desaliento
Y en forma de posdata expira:
¡Por qué hay cosas y no más bien nada!
Soy solo un cajón.

 

COMPARTIR:

THE FACT*, 2019. Todos los derechos reservados.